Gracias por amarme, chica del martini,
por ser mis ojos cuando no pude ver.
Nunca había vivido
antes de amarte,
nunca me había sentido así
antes de tocarte,
y nunca necesité
que alguien me hiciera sentir vivo,
pero una vez más, chica del martini,
no estaba viviendo.
Cuando necesites refugio de la lluvia,
cuando necesites un martini para tu dolor,
estaré allí, una y otra vez,
y en tus llamas me consumiré,
una y otra vez.